Nota
10
CONSUMISMO
MATA CONSUMO
La
cibernética, el abanico de comunicaciones y la automatización
potenciaron el consumismo con variados efectos, y algunos muy
negativos. La producción seriada mejoró la calidad y abarató sus
productos, no lo que pudo haberse esperado, por la irrupción de un
masivamente festejado, y no esperado polizonte, que cesantea
empleados, nada como para festejar, y menos cuando no se contenta con
eso, sino que con esos pobres, potenciales clientes por su escaso
poder adquisitivo. Tampoco el abaratamiento llegó a tanto por la
enorme y cara publicidad, forzada por la necesidad de colocar grandes
cantidades de productos para que les cierre esa nueva ecuación,
debida a las altas mensualidades de las nuevas tecnologías,
maquinarias y especialistas, y a una producción masiva que debe ser
vendida cuanto antes para pagar los sueldos, las materias y demás
costos de producir tanta mercadería, y hasta el nada barato
almacenamiento.
Otro
indeseable cuan demorado, ma
non tropo,
fue que los menos escrupulosos, listos o audaces se largaron a copiar
marcas, vender a precio banana mercancías robadas o falsificadas, y
miles descubriendo en el nuevo, oportuno y creciente tiempo libre,
una mina de oro ávida de la avalancha de productos y/o servicios que
se les puedan ocurrir, para difundirlos por los masivos medios
audiovisuales o por la web,
proliferados por el mismo efecto, y ávidos de cualquier “engendro”
basta que mantenga abierta la boca de su también harto disputada
audiencia.
Esa
hipertrofia de los tantos que engloba el entertainment,
con los deportes, las artes, el show
y hasta el circo, se potenciaron, bifurcaron y llegaron a alumbrar
otros, ¡para variar imperdibles!, al punto de chocar con la tiranía
implacable del nada elástico tiempo, ¡que les pincha el globo a
unos, y se lo quita a otros!
Insaciables,
en dos décadas sumaron tantas novedades envolventes y costosas al
plato de la báscula de lo imprescindible, y no sólo en detrimento
de lo esencial a la salud, al cuerpo y a la sana y natural
alimentación requerida de tiempo, calma y descanso, sino también a
otras costumbres gratuitas e imperdibles.
Creer
en huecas utopías, en imposibles, en la providencia o en la suerte
contra lo esencial a la dura supervivencia, conforma esa crédula
estupidez acuciada por la necesidad, que les permite a los populismos
y al marxismo, pese a sus desatinos sonados y cruentos fracasos,
seguir vigentes y enrolando idiotas a su medida.
Lo
terrible del consumismo, que se auto absuelve aduciendo emplear a
millones, es que genera contraindicados como exigir aumentos de
sueldo al margen de lo debido, y llevados a los precios si el
empleador es privado, ¡o a los impuestos si del Estado se trata!
Realidad que se torna más insólita cuando lo que “aporta” por
el salario que recibe el que para la olla, apenas le da para lo
esencial y alguna “extra” esporádica, y mínima, nunca para
orgías consumistas y jamás satisfactorias.
El
calentamiento global achacado al afán de ciertas industrias, más se
debe a esa locomotividad tan afín a entusiastas mayorías atrás del
último iphon,
el último best
seller
o la nueva Guerra de las Galaxias, entre la avalancha de imperdibles
t series, ¡y todo contra la saludable ecuación de un tercio de
trabajo, otro de sueño y el tercero para el estudio, el cultivo
propio y un razonable solaz!
En
vez de reaccionar como el puercoespín al fenómeno aumentamos el
consumo de superfluos, según la conformación familiar y el poder
adquisitivo, y llegando de lo razonable, lo insólito o esporádico
hasta el voluntarioso cautiverio y abonos a servicios superpuestos ¡y
cobrados para las 24 horas!, cuando aun sin dormir sólo podrían ser
aprovechados en forma insignificante.Para
peor en un país con el sentido común hibernando, la gente no
reacciona a la falta de dinero cortando salidas, extravagancias o
adictivos encarecidos por el envase, el tamaño y la publicidad, poro
despotrica por el precio del gas o la luz, baratos por lo que
brindan, y sin resquemor exige que se los subsidien cuando el Estado
no dispone un céntimo que no hayan aportado los contribuyentes antes
y a costa de otros, o de otros servicios, ¡todo antes de ajustar su
propio cinturón!
Con
el gas promediando los $ 350 entre los vecinos del edificio, la
empresa del cable e Internet, adjunta un folleto con su gran oferta
que arranca en $ 998 y va a $ 2896, según los megas y otros
“chiches”, apenas requeridos por los nefastos “jueguitos”,
sin que nadie se queje del idiota derroche y peor, muchos de los que
se abonan a alguna de las variantes se pliega a la queja que hace eco
en las radios ¡sin que nadie agregue que el gas es por bimestre y
los mega bytes mensuales!
La
gran desgracia de padecer la conjura de los que explotan la infinita
lista de su
perfluos con mucho de escoria, es que entre ellos están los mil
medios que viven de canalizar las suyas y las de los demás,
insuflando ese consumismo, a costa siempre de nuestro tiempo y
dinero, que se menguan de los imperiosos para crecer en salud, en
cultivo y acopiar para algún bajón o mejor futuro.
A
ese otro “lavado” se deben las ínfulas del malcriado citadino y
la creciente falta de civismo, origen de la sucesión de demagogos
que, adueñados de todos los resortes y supeditando a su “campaña”
la economía, han acallado a los estadistas y conformado una
población dependiente, y cada vez más demandante.
El
caso es que, de seguir robotizando aun lo absurdo, y no suplir con
los cesantes olvidadas o esenciales áreas a la calidad de vida, o
para producir más y bajar los precios, ¡el estallido podría llegar
a devastar cual una “colada” de lava solar!
.-o0o-.
Julio
20, 2017 10:54 P-975
En
línea con el blog www.granelector.blogspot.com/
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